Voces y sonidos del borde

Paisajes sonoros localidad de Usme, Bogotá

PAISAJES SONOROS Y PROCESOS FORMATIVOS PARA LA INTEGRACIÓN SOCIAL, AMBIENTAL Y POLÍTICA EN EL BORDE URBANO RURAL DE USME 

Sensibilización a la escucha, la percepción y la instalación
Paisaje sonoro en el borde urbano rural
de la localidad de Usme en Bogotá.  año 2021

La propuesta del taller invitó  desde la participación, a la creación de oportunidades de juego y exploración sonora mediante  la escucha del propio entorno. Así mismo el espacio  desarrollo habilidades y capacidades en ámbito de la vida cotidiana. Se abordó  de manera teórica y practica la forma como se trabajo durante el proceso de formación y creación, teniendo en cuenta: las dificultades, los hallazgos y las conclusiones de la experiencia.

El talleres se implemento a través de una metodología que desde la indagación tuvo en cuenta los siguientes tópicos: escucha, percepción, vida cotidiana, juego y exploración del entorno, mediante un enfoque que invitó a la reflexión desde las siguientes preguntas:  

  • ¿Como escuchamos?
  • ¿Cómo escuchan los otros y las otras?
  • ¿Cómo se comporta el sonido en el espacio físico?
  • ¿Es la escucha una construcción cultural?
  • ¿Cuáles son las características del sonido? (timbre, altura, matices, tiempo y espacio)
  • ¿Qué es un paisaje sonoro? Implicaciones técnicas, artísticas y políticas de esta narrativa.
  • ¿Qué es una instalación Sonora? Implicaciones estéticas, técnicas y políticas de esta expresión.

El taller tuvo en cuenta momentos de escucha, grabación, recorridos creación de grafías sonoras y cartografías sonoras georreferenciadas que permitieron espacios para la reflexión sobre lo vivido y lo percibido, así́ como, espacios para la experimentación, para preguntas y conclusiones.

Impacto en la realización del laboratorio de creación.
El proceso de trabajo permitió generar diálogos, experiencias y experimentos creativos, donde se exploró desde lo individual, lo grupal y lo colectivo, diversas maneras de generar narrativas poéticas en relación al paisaje sonoro y la producción de herramientas y nuevos repertorios sonoros y recursos para el trabajo con la comunidad. Propiciamos conversaciones  con un equipo de trabajo multidisciplinar cualificado, con los participantes y con la comunidad en general que retroalimentó el proceso creativo y la experiencia de la formación antes y después del resultado final. Así́ mismo, los espacios de trabajo con los participantes, desde la intuición y el juego durante el laboratorio, aportaron un lugar para la exploración en la construcción de derroteros en el trabajo de formación, creación y de la producción artística pensada para la instalación sonora.

La instalación sonora
La instalación  incidió sobre las formas de percepción de los participantes y la comunidad en general  promoviendo maneras alternativas de sensibilidad, percepción y consciencia de lo propio y del contexto del territorio desde el sonido y particularmente desde la formación para la escucha. Se fortaleció a los participantes y asistentes facilitando  comprender las perspectivas del sonido desde la escucha y desde la comprensión audible del borde urbano rural, mediante cartografías sonoras, grafías sonoras, fotografías y por supuesto los audios dispuestos en diversos dispositivos que dieron cuenta de toda la experiencia.

En fin, la escucha y la sensibilidad de los sentidos y la formación mediante procesos que requieren de todo nuestro cuidado y atención para promover el desarrollo integral de la comunidad de Usme, fueron condensados en una instalación sonora abierta al publico que invito desde el extrañamiento a la contemplación estética, la participación y la  conversación.

Conclusiones
Es fundamental seguir promoviendo escenarios para que esta muestra sonora, se siga presentando en espacios artísticos y académicos físicos y virtuales.

El arte sonoro es claramente una alternativa efectiva en la comprensión del territorio, que invitó al dialogo y el disfrute estético profundizando sobre las tensiones, interpelando el territorio y generando valiosas reflexiones en la comunidad.

La formación tuvo felizmente en cuenta una genuina creación colectiva y una escucha de manera transversal, tanto en el equipo que diseñó la metodología así como en los asistentes durante todo el proceso.

Fue fundamental el tiempo que se empleó en el desarrollo de la propuesta que permitió profundizar y desarrollar adecuadamente los procesos de producción artística y de formación.

La pandemia y las protestas sociales en Usme que en principio alteraron los cronogramas de trabajo fueron una oportunidad para integrarlas y enriquecer desde lo sonoro las tensiones, aportando desde lo simbólico a la poética de la instalación y en general al proceso formativo. 

En un país donde la escucha es endogámica, donde no se escucha la otredad, donde no hay escenarios dispuestos para  oírnos y donde la sordera de los que ostentan el poder es pandémica, este proyecto refresca y enriquece la posibilidad de estar dispuesto a oír y a transformarse de muchas maneras a partir de los recursos que ofrece el arte y la ciencia al servicio de la comunidad.

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